Capítulo 8: Confesiones y Advertencias

Jacob y Luke estaban sentados en un pequeño café cercano a la oficina, con tazas de café humeante frente a ellos. La tarde transcurría tranquila, con el murmullo de la gente y el aroma a pan recién horneado que flotaba en el aire.

El teléfono de Jacob vibró sobre la mesa y, al mirar la pantalla, una sonrisa ligera se dibujó en su rostro. Luke lo observó, arqueando una ceja.

—Vaya, parece que alguien te tiene entretenido —dijo Luke, con tono burlón—. Deberías dejar de comportarte como un tonto enamorado y… ¿sabes? Ir a ver a esa chica misteriosa de una vez. No puedes quedarte ahí toda la vida leyendo mensajes y soñando despierto.

Jacob bajó la mirada, jugueteando con la taza de café.
—No es tan simple… —respondió—. No quiero romper esa curiosidad. Me da miedo que salga mal, porque… siento que esa persona me entiende. Y si desaparece, no sé qué haría.

Luke suspiró, dejando caer sus brazos sobre la mesa. Miró fijamente a Jacob, con la mezcla de preocupación y frustración que siempre sentía por los que le importaban.
—Te entiendo —dijo finalmente—. Pero mira… hay alguien en la vida real que me preocupa. Ariana. La conoces, ¿verdad? —Jacob asintió, pero no dijo nada—. Ella lleva años hablando con alguien por chat… y nadie sabe quién es. No quiero que se lastime si la persona con la que habla resulta ser peligrosa o alguien que no tenga buenas intenciones.

Jacob tragó saliva. La tensión subió en su pecho, pero su rostro permaneció inexpresivo.
—Eso es… complicado. Entiendo tu preocupación, Luke, de verdad. Pero a veces, uno no puede controlar todo. Solo quiere que esa conexión exista. Que alguien la entienda de verdad.

Luke frunció el ceño y bajó la voz, más serio.
—Jacob, ella es… especial. Ha pasado por mucho, y no quiero que termine mal. Tal vez sería mejor que ella deje de hablar con ese chico hasta que podamos asegurarnos de que está segura.

Jacob asintió lentamente, sin revelar nada. Cada palabra de Luke le dolía un poco, porque sabía que ese “algún día” podía arruinar la oportunidad de algo que él valoraba profundamente.

Luke lo miró un momento, respirando hondo. Sabía que Jacob tenía su propio modo de cuidar de sí mismo, pero también intuía que había algo más profundo detrás de su cautela. No podía imaginar que Jacob y el amigo del chat de Ariana fueran la misma persona; no todavía.

El café se enfrió entre ellos mientras Jacob guardaba el teléfono, intentando contener la emoción que aquel mensaje le había traído. El dilema persistía: mantenerse cercano pero distante, proteger la curiosidad y al mismo tiempo cuidar sus emociones.

Mientras tanto, Ariana estaba lejos, ajena a que las piezas de su mundo estaban mucho más entrelazadas de lo que jamás había imaginado.

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