Capítulo 15: Una Cena Distinta
Jacob pasó todo el día planificando aquella cena. No quería que fuera una simple cita, sino un momento especial, uno que reflejara todo lo que sentía sin necesidad de confesar todavía su secreto. Preparó cada detalle con cuidado: luces suaves, música tranquila y una mesa dispuesta junto al ventanal de su apartamento, desde donde se veía la ciudad iluminada.
Cuando Ariana llegó, vestida con un sencillo vestido negro que resaltaba su elegancia natural, Jacob se quedó sin palabras.
—Wow… —murmuró, sin poder ocultar su asombro—. Estás… preciosa.
Ariana sonrió con timidez.
—Y tú… muy formal para una simple apuesta —bromeó, aunque su mirada se detuvo en la camisa blanca que él llevaba, arremangada, con el cuello ligeramente desabrochado.
—Digamos que no quería volver a perder —replicó Jacob con una sonrisa traviesa, invitándola a sentarse.
Durante la cena, las risas fueron fluyendo con facilidad. Hablaron de todo: de la carrera, de sus gustos, de pequeñas cosas cotidianas que se volvían importantes al compartirlas. Había algo diferente entre ellos; la tensión era palpable, pero también lo era la comodidad, esa sensación de que el silencio no incomodaba, sino que unía.
—Sabes —dijo Ariana en un momento, apoyando el codo en la mesa y observándolo con una sonrisa—, no entiendo cómo no habíamos pasado tiempo así antes. Es… fácil contigo.
Jacob la miró con ternura.
—Tal vez porque antes no era el momento adecuado. A veces… las cosas llegan cuando tienen que llegar.
Ariana se quedó pensativa, con el vino en la mano, y luego bajó la mirada.
—Sí… puede ser. Aunque creo que hay personas que se sienten conectadas incluso antes de conocerse —dijo, con un tono suave—. Como si el destino las empujara a encontrarse de alguna forma.
Jacob sintió que el corazón se le detenía por un segundo. Ella hablaba sin saberlo, sin imaginar que esa conexión que describía era la misma que habían construido durante años, escondidos tras pantallas y palabras.
—Sí —respondió finalmente, con voz baja—. Y cuando las encuentras… harías lo que fuera por no perderlas.
Ariana levantó la mirada, encontrándose con sus ojos, y durante unos segundos, ninguno de los dos habló. Solo se miraron, respirando el mismo aire, compartiendo ese silencio cargado de emociones no dichas.
Jacob se levantó despacio, rodeó la mesa y se detuvo frente a ella. Le tendió la mano con una sonrisa suave.
—Ven, quiero mostrarte algo.
La condujo hasta el balcón. Afuera, las luces de la ciudad titilaban como un mar de estrellas cercanas. Ariana apoyó los brazos sobre la baranda, contemplando el paisaje. Jacob se colocó a su lado, sin decir nada por unos instantes.
—Gracias —susurró ella finalmente—. Por esta noche. Por… estar ahí.
—Siempre —dijo él, acercándose un poco más.
Ariana giró la cabeza, y sus miradas se encontraron otra vez. No hubo palabras, solo ese instante en el que el mundo pareció detenerse antes de que Jacob se inclinara suavemente y la besara. Esta vez no fue un impulso, sino algo lento, sincero, lleno de sentimiento.
Cuando se separaron, Ariana apoyó su frente contra la de él, con una sonrisa temblorosa.
—Creo que ya no puedo pensar en esto como una simple apuesta.
Jacob sonrió, con el corazón latiendo con fuerza.
—Yo tampoco.
Aquel beso, bajo las luces de la ciudad, selló algo que ambos sabían que ya no tenía marcha atrás: una conexión que se había gestado durante años y que, sin saberlo, siempre había estado destinada a encontrarlos.
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