Capítulo 11: Velocidad y Cercanía

El rugido de los motores llenaba el aire mientras Ariana y Jacob se preparaban para subirse a los coches de Fórmula 1. La adrenalina recorría cada fibra de su cuerpo, y la emoción de conducir por primera vez uno de esos vehículos hacía que sus corazones latieran al ritmo de los motores.

—Lista para perder —bromeó Jacob, ajustando su casco, con esa sonrisa que siempre hacía que Ariana sintiera un cosquilleo en el pecho.
—Yo no pierdo tan fácil —replicó ella, golpeando suavemente su brazo—. Prepárate para cocinar en mi casa esta noche.

Subidos en los coches, la carrera comenzó y la concentración era máxima, pero Ariana no podía evitar robar miradas a Jacob mientras él aceleraba con confianza. Cada gesto suyo, cada sonrisa rápida que le lanzaba desde su coche, la hacía reír y aceleraba su corazón.

Al terminar la primera vuelta, ambos se detuvieron para revisar la pista. Ariana bajó del coche, todavía con la adrenalina corriendo por su cuerpo, y vio a Jacob acercarse hacia ella con esa sonrisa que la dejaba sin aliento.

—Te ves increíble —dijo él, genuino, mientras la observaba con admiración.
—Y tú… conduces como si nada —respondió ella, tratando de no mostrar lo nerviosa que estaba—. Pero todavía queda la vuelta final, así que no te confíes.

Mientras corrían la vuelta final, la competición se volvió un juego de adrenalina y complicidad. Cada curva y aceleración compartida fortalecía la conexión silenciosa entre ellos. Cuando terminaron, bajaron de los coches, riendo y jadeantes por la emoción.

—Bueno… parece que perdiste —dijo Ariana con una sonrisa pícara, recordando la apuesta.
—Sí, pero eso significa que la cena será en tu casa —respondió Jacob, divertido—. No me quejo, estar contigo hace que valga la pena perder.

Ariana sintió un calor recorrer su pecho. No era solo la emoción de la carrera: era la cercanía de alguien que le gustaba, alguien con quien podía reír, bromear y sentirse cómoda, aunque aún no supiera que él era su amigo secreto del chat.

—Está bien —dijo finalmente—. La cena será en mi casa. Pero espero que cocines bien.
—Prometido —respondió Jacob, sonriendo mientras la acompañaba hacia los camerinos—.

Mientras caminaban juntos, la complicidad entre ellos era evidente. Sus miradas se cruzaban con frecuencia, sus risas eran ligeras y espontáneas, y aunque ninguno mencionaba nada de los mensajes o del chat, la conexión que habían cultivado durante años se sentía más viva que nunca. Cada gesto y cada sonrisa decía más que cualquier palabra, y por primera vez en mucho tiempo, Ariana se permitió disfrutar de estar cerca de alguien de manera real y sin artificios.


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