Capítulo 7: Cercanía Silenciosa
El martes en la oficina, Ariana sentía como si cada paso estuviera acompañado de una corriente invisible que la seguía. No podía evitar notar a Jacob en la distancia: concentrado en los planos, ajustando detalles, respondiendo llamadas. Cada vez que sus miradas se encontraban por accidente, ella sentía un escalofrío, pero él rápidamente desviaba la suya, como si nada hubiera pasado.
A lo largo del día, pequeñas situaciones incrementaban la tensión:
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Jacob pasaba por su escritorio justo cuando Ariana levantaba un plano, y apenas sus manos se rozaban mientras él lo recogía.
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Durante la reunión de equipo, Ariana notó cómo Jacob se inclinaba para tomar notas frente a su escritorio, manteniendo siempre una distancia segura, evitando cualquier indicio de familiaridad más allá de la estricta cortesía profesional.
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Cada vez que quería hablarle, Jacob encontraba algo urgente que atender en otra parte de la oficina.
Esa noche, Ariana volvió a su apartamento con una mezcla de frustración y emoción. Encendió el ordenador y abrió el chat. El mensaje de Jacob llegó casi de inmediato:
"Hoy fue extraño… ¿no sientes que hay días así, donde todo se siente cerca pero al mismo tiempo lejos?"
Ariana leyó el mensaje y sonrió débilmente: él no daba pistas, no mencionaba nombres, no insinuaba nada sobre su identidad. Y, sin embargo, había algo en sus palabras que la hacía sentirse comprendida de manera profunda.
—Extraño… sí —escribió ella—. Pero supongo que algunas cosas solo se sienten así.
Mientras escribía, Ariana pensaba en los momentos de la oficina: lo cerca que estaba físicamente de Jacob y lo lejos que se sentía emocionalmente porque, sin saberlo, él también jugaba a mantener la distancia. La contradicción era casi dolorosa, y le hacía darse cuenta de que su corazón estaba empezando a inclinarse hacia alguien que no conocía del todo.
Kelsey, desde la cocina, observaba a Ariana con una sonrisa cautelosa:
—Te noto… rara, pero feliz —dijo—. No sé qué estás haciendo, pero parece importante.
Luke suspiró desde el sofá: sabía que algo pasaba, pero no podía intervenir. Solo podía esperar y protegerla de la manera más discreta posible.
Jacob, al otro lado de la ciudad, evitaba cualquier encuentro directo. Cada mensaje era medido, cuidadosamente escrito, sin revelar nada de sí mismo que pudiera levantar sospechas. Mientras escribía, pensaba en la manera de mantener esa barrera invisible sin romper la conexión emocional que ambos compartían.
Y así, Ariana continuaba atrapada en ese delicado equilibrio: la cercanía física de Jacob la hacía sentir emociones inesperadas, mientras el misterio del chat le ofrecía una seguridad y una intimidad que ningún gesto en persona podía dar. La tensión entre lo que veían sus ojos y lo que le mostraban las palabras no hacía más que crecer.
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