Capítulo 5: Entre Planos y Mensajes

Ariana llegó temprano a la oficina, con el cabello recogido en una coleta alta y una libreta llena de anotaciones bajo el brazo. Los planos la esperaban, pero su atención se desvió apenas vio a Jacob entrar. Él parecía más relajado esa mañana, con la mirada distraída hacia la ventana, ajeno a que en ese momento su interlocutor más importante en el mundo digital se encontraba a escasos metros.

—Buenos días, Ariana —saludó Jacob, con esa voz tranquila que, inexplicablemente, siempre la calmaba y aceleraba su corazón al mismo tiempo.
—Hola —respondió ella, intentando mantener la compostura mientras una ligera sonrisa se le escapaba.

Durante la mañana, se cruzaron varias veces. Ariana se dio cuenta de cómo cada gesto de Jacob la afectaba: la forma en que tomaba los planos, la precisión de su mirada, la manera en que escuchaba atentamente cuando alguien hablaba. Sin darse cuenta, empezaba a comparar esa presencia tangible con las palabras del chat, preguntándose si su misterioso amigo podría ser alguien así en la vida real.

Al final de la jornada, cuando Ariana volvió a casa, encontró un mensaje que la hizo sonreír y fruncir el ceño al mismo tiempo:

"Hoy parecías distraída… ¿todo bien?"

—Sí, todo bien —escribió ella—. Solo un día largo en la oficina.

"Ya veo… Pero me alegra saber que estás bien. Me gusta que me cuentes estas cosas."

Ariana dejó el móvil sobre la mesa y suspiró. Sentía una mezcla de excitación y miedo: ¿y si algún día lo descubría? ¿Y si era alguien que la decepcionara? La seguridad que había construido durante años parecía tambalearse con cada mensaje, con cada palabra cuidadosamente elegida.

Al día siguiente, Kelsey notó algo diferente en Ariana:
—Te noto distraída —dijo mientras preparaban café—. ¿Tu chico secreto te tiene enamorada o qué?

Ariana rió, un poco nerviosa, y respondió con evasivas. Kelsey suspiró, resignada: sabía que Ariana protegería ese secreto hasta el final.

Mientras tanto, Jacob experimentaba la misma tensión. Cada mensaje era un delicado equilibrio entre revelar algo y mantener su anonimato. Sabía que podía estar frente a ella en persona todos los días, pero que la magia de su relación residía en lo desconocido. Cada sonrisa, cada conversación casual en la oficina, añadía capas de emoción y riesgo a un juego que podía terminar en desastre si Ariana descubría demasiado pronto quién era realmente.

Esa semana, pequeños roces comenzaron a acumularse: miradas prolongadas durante las reuniones, comentarios inesperadamente atentos, coincidencias que los acercaban cada vez más sin romper la barrera invisible que separaba lo digital de lo real. Ariana empezaba a sentirse confundida: no solo estaba ilusionada con las palabras en la pantalla, sino que Jacob, en persona, comenzaba a despertar sentimientos que no había anticipado.

Y mientras las paredes de su rutina diaria se mezclaban con la emoción del chat, Ariana comprendió algo que le había sido desconocido durante años: la vida podía sorprenderla incluso cuando creía tener todo bajo control. Solo que esta vez, la sorpresa venía de alguien que ya estaba demasiado cerca…

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