Capítulo 2: Entre Moda y Misterio
La ciudad respiraba a un ritmo acelerado, y Ariana se movía entre sus rutinas con precisión casi militar. Pero los fines de semana eran otra cosa. Eran los momentos en que Kelsey desplegaba su mundo: tiendas llenas de telas, escaparates brillantes y pasarelas improvisadas en su pequeño apartamento para probar nuevas colecciones.
Ariana nunca se había visto como modelo, pero Kelsey insistía. “Confía en mí, vas a brillar”, le decía mientras le ajustaba un vestido de terciopelo azul que parecía hecho para ella. Ariana se miraba en el espejo, incómoda al principio, y luego sorprendida: sí, su figura se adaptaba a la ropa, su mirada transmitía fuerza, y de repente, aunque fuera solo por unos minutos, se sentía otra persona.
Luke a veces estaba ahí, sentado en un sillón con una sonrisa discreta, observando a las dos amigas. Nunca intervenía, pero sus ojos delataban una especie de aprobación silenciosa, como si entendiera que estos momentos eran importantes para ambas.
Entre las sesiones de fotos improvisadas y las pruebas de escaparates, los chats con el chico misterioso se habían vuelto casi un ritual. Ariana esperaba esos mensajes con la misma impaciencia que esperaba un descanso en la oficina. Sus conversaciones abarcaban desde libros y música hasta sueños y miedos que no compartía con nadie más. Cada mensaje era una ventana a un mundo paralelo donde podía ser completamente honesta, donde nadie la juzgaba por su pasado o por sus inseguridades.
A veces, Kelsey se burlaba ligeramente: “Otra vez con tu chico secreto, ¿eh? ¿No será hora de que le digas tu nombre real?” Ariana sonreía con discreción y respondía con evasivas; había algo reconfortante en la invisibilidad de esa relación, algo que la protegía y la emocionaba al mismo tiempo.
Su trabajo en la oficina seguía siendo demandante. Los planos, la documentación y los proyectos complicados le ocupaban la mayor parte del día, pero también le daban un sentido de logro que ningún desfile de moda podía reemplazar. Era curioso cómo podía moverse con naturalidad entre dos mundos tan distintos: la rigidez y el orden de la oficina, y la creatividad y el caos elegante del mundo de Kelsey.
Y mientras Ariana empezaba a disfrutar de este equilibrio, una pequeña inquietud persistía en su interior: ¿sería posible que el chico del chat existiera de verdad, o era solo un espejismo digital que la hacía sentir acompañada? La idea de conocerlo le provocaba tanto emoción como miedo. Lo conocía desde hacía años, había compartido confidencias y risas, pero no sabía nada sobre su apariencia, ni su nombre, ni sus intenciones.
Aun así, cada noche, después de un día largo y lleno de responsabilidades, Ariana volvía a su habitación, abría la ventana de chat y se sumergía en ese mundo donde las palabras se convertían en promesas y secretos compartidos. Allí, lejos de la oficina, lejos de los desfiles y de las preocupaciones cotidianas, Ariana era simplemente ella misma.
Pero en algún lugar, detrás de las palabras escritas, algo esperaba, algo que podría cambiarlo todo.
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