Capítulo 14: Días de Luz
La mañana llegó con un rayo de sol colándose entre las cortinas. Ariana se movió entre las sábanas, aún medio dormida, sintiendo el aroma a café recién hecho. Se incorporó lentamente y, al mirar alrededor, se dio cuenta de que alguien había dejado una taza sobre la mesita de noche junto a una pequeña nota escrita con una letra firme:
“Gracias por la cena y la carrera. Espero que hayas dormido bien. —J.”
Ariana sonrió sin poder evitarlo. Recordó los momentos de la noche anterior: la cena, las risas, el beso, el calor de sus brazos mientras dormían en el sofá. Todo parecía tan natural, tan fácil, como si siempre hubiera estado destinado a suceder.
Salió del dormitorio y se encontró con Kelsey en la cocina, que la miró con una sonrisa divertida y los ojos llenos de picardía.
—Buenos días, dormilona. —Kelsey cruzó los brazos—. ¿Quieres contarme qué tal fue la noche más adorable del año?
Ariana rodó los ojos, intentando ocultar el rubor en sus mejillas.
—No pasó nada… bueno, no mucho —murmuró—. Solo… fue una noche agradable.
—Una noche agradable —repitió Kelsey con tono travieso—. Claro, claro… —hizo una pausa y añadió—. Luke y yo los vimos dormidos en el sofá. Estaban tan juntos que no quise despertarlos.
Ariana se cubrió la cara con las manos, entre risas.
—Oh, por favor, dime que no hiciste lo que creo…
—Le saqué una foto —respondió Kelsey sin culpa alguna—. No podía evitarlo, se veían perfectos.
Ariana suspiró, aunque no podía dejar de sonreír.
—Eres terrible.
Más tarde, en la oficina, Jacob la vio entrar. Había algo distinto en ella: su sonrisa, la manera en que lo miraba, el leve brillo en sus ojos. Se saludaron con un intercambio de miradas que solo ellos entendieron, y ambos supieron que lo de la noche anterior no había sido un error.
Durante la jornada, las bromas sutiles se hicieron más frecuentes. Una mirada que duraba un poco más de lo normal, una sonrisa compartida en los pasillos, un mensaje rápido a media tarde. La conexión que habían sentido por años a través de una pantalla ahora tomaba forma en gestos reales, en una cercanía que no necesitaba explicación.
Al final del día, cuando se cruzaron en el estacionamiento, Jacob se acercó y le dijo con voz tranquila:
—Tengo otra apuesta en mente.
—¿Ah, sí? —preguntó Ariana, cruzando los brazos con curiosidad.
—Si gano esta vez… me dejas invitarte a una cena de verdad. Nada de retos ni castigos. Solo tú y yo.
Ariana lo miró fijamente por un momento, sin poder ocultar la sonrisa que se formaba en sus labios.
—Trato hecho —respondió, y se subió a su coche, dejando a Jacob mirándola alejarse con el corazón latiendo con fuerza.
Mientras la veía marcharse, Jacob no pudo evitar pensar en lo irónico de todo: llevaba años hablándole como su amigo secreto y, ahora que la tenía tan cerca, lo que más deseaba era poder decirle la verdad. Pero aún no. Aún no era el momento.
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