Capítulo 12: Cena y Cercanía

La adrenalina de la carrera aún recorría sus cuerpos cuando Ariana y Jacob llegaron a su apartamento. La apuesta había sido clara: quien perdiera debía preparar la cena para el otro. Esta vez, la derrota había sido de Jacob.

—Bien… parece que hoy me toca a mí —dijo Jacob, dejando escapar un suspiro dramático mientras se dirigía a la cocina—. Espero que estés lista para disfrutar, porque voy a cocinar como un profesional.

Ariana arqueó una ceja, divertida y un poco coqueta:
—¿Profesional? No sabía que estabas entrenado para esto… —comentó, cruzando los brazos mientras lo observaba moverse entre la cocina y la nevera.

Jacob sonrió, divertido por la ironía y al mismo tiempo encantado por la atención que ella le prestaba.
—Nunca he tenido una audiencia tan hermosa —respondió con un guiño.

Mientras preparaba los ingredientes, Ariana no pudo evitar observarlo con cuidado. Cada movimiento suyo le parecía atractivo; la forma en que concentraba la mirada, la sonrisa ligera que surgía mientras picaba verduras, y su manera de moverse por la cocina la hacían sentirse más cercana a él de lo que había esperado.

—¿Necesitas ayuda? —preguntó ella, tratando de sonar despreocupada pero disfrutando la cercanía.
—No, no quiero arruinar la sorpresa —replicó Jacob, aunque se permitió acercarse un poco más para alcanzar un utensilio—. Pero si quieres, puedes supervisar.

Ariana soltó una risa ligera y golpeó suavemente su brazo:
—Vale, supervisor… asegúrate de que esto no acabe en desastre.

Mientras cocinaba, Jacob sacó temas de conversación ligeros: recuerdos de la carrera, anécdotas de la oficina, bromas sobre sus compañeros. Cada risa de Ariana lo hacía sentir más cómodo, y en su mente no dejaba de repetirse lo hermosa que se veía y lo bien que se sentía a su lado. Ella, por su parte, disfrutaba de la conversación y del juego silencioso de miradas, gestos y sonrisas, sin imaginar que el amigo secreto que había conocido en años de chat estaba justo frente a ella.

Cuando la cena estuvo lista, se sentaron a la mesa y compartieron la comida. La conversación fluía con naturalidad, entre risas y pequeños comentarios coquetos.

—Bueno… creo que esta apuesta fue más divertida de lo que esperaba —dijo Ariana, mordiendo un trozo de su plato.
—Sí —respondió Jacob, con una sonrisa tranquila—. Pero debo admitir que estar aquí contigo hace que todo valga la pena.

Ariana sonrió, sintiendo un calor agradable en el pecho. La noche transcurrió entre risas, complicidad y miradas que decían mucho más que cualquier palabra. Ninguno mencionó nada de los mensajes del chat, y aun así, la conexión que habían construido durante años se sentía más viva que nunca, palpable en la cercanía, el juego silencioso y la tensión romántica que los mantenía atentos el uno al otro.

Cuando terminaron, Ariana se recostó ligeramente en su silla, satisfecha y feliz. Jacob la observó en silencio, disfrutando cada instante de esa cercanía, sin necesidad de palabras, consciente de que algo entre ellos estaba cambiando, lentamente, de manera profunda y real.


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