Capítulo 10: Risas y Fórmulas

Habían pasado semanas desde aquel desastre de cita. Ariana no había respondido los mensajes de su amigo del chat, saturada por la confusión y la frustración que había sentido. Sin embargo, algo la impulsó a dar un paso adelante: necesitaba disculparse. Con el corazón latiendo rápido, se dirigió al despacho de Jacob.

—Jacob… —comenzó, nerviosa—. Quería disculparme por lo que dije aquella noche. No debí… hablarte así.

Jacob levantó la mirada y, en lugar de recriminarla, le sonrió suavemente.
—No pasa nada —respondió—. Todos tenemos días malos. De hecho… quería invitarte a algo. Sé que te encantan los coches, ¿quieres venir a un evento de Fórmula 1 conmigo?

Ariana sintió un calor agradable subirle por el pecho. La simple invitación hizo que su ánimo mejorara considerablemente, y por primera vez en semanas, la tensión entre ellos parecía disiparse un poco.

El día del evento, Jacob la recogió en su coche. Ariana no podía evitar observarlo mientras conducía, su corazón acelerado por la cercanía y la presencia que le resultaba tan familiar, aunque aún no lo relacionara con su amigo secreto. Jacob le sonrió, rompiendo el silencio mientras dirigía la conversación hacia temas ligeros: música, viajes, anécdotas de la oficina. Cada risa de Ariana era un pequeño triunfo para él, y en su mente no dejaba de repetirse lo hermosa que se veía y lo bien que se sentía a su lado.

—Nunca pensé que un viaje al trabajo podría ser tan divertido —dijo Ariana, riéndose—.
—Depende de con quién lo hagas —respondió Jacob con una sonrisa ligera, mientras aceleraba suavemente en la carretera—.

Al llegar al evento, la emoción se intensificó: ambos tendrían la oportunidad de conducir uno de los coches de Fórmula 1. En el camerino, mientras se preparaban con los monos y cascos, el aire estaba cargado de adrenalina y anticipación.

Cuando finalmente se encontraron frente a frente, ambos se quedaron sin palabras. Esa conexión que habían mantenido durante años por chat se manifestaba ahora en la intensidad de sus miradas.

—Te ves bien así —dijo Ariana con una sonrisa ligera, golpeando suavemente el brazo de Jacob.
—Y tú… el mono te queda… sexy —respondió él, con un brillo divertido en los ojos.

Ambos rieron, y la tensión se transformó en complicidad. Sin dejar que la atmósfera se enfriara, decidieron hacer una apuesta: quien perdiera la carrera debería invitar al otro a su casa y preparar la cena.

—¿Estás segura de que quieres esto? —preguntó Jacob, arqueando una ceja.
—Más que segura —respondió Ariana, con determinación y una sonrisa que le hacía palpitar el corazón a Jacob.

Mientras se dirigían hacia los coches, la emoción, la adrenalina y esa chispa silenciosa que ambos compartían llenaban el aire. Por primera vez en mucho tiempo, Ariana sintió que la distancia entre ella y su amigo secreto se hacía menos tangible, aunque aún no sospechara que estaba justo frente a ella.


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