Capítulo 1: Raíces y Encuentros
Ariana siempre había sentido que el mundo le debía pocas cosas. Huérfana desde muy pequeña, había aprendido a depender de sí misma antes de lo que cualquier niño debería. La vida no había sido amable, pero había sido justa en enseñarle resiliencia. Entre mudanzas y hogares temporales, Ariana se convirtió en una chica práctica, observadora y extremadamente cautelosa con quienes dejaba acercarse.
Todo cambió cuando conoció a Kelsey. Fue en la secundaria, en una clase de arte donde ambas tenían que colaborar en un proyecto. Kelsey era lo opuesto a Ariana: risa fácil, espontánea, con una energía que parecía iluminar la habitación. Pero a Ariana le gustó esa luz, aunque al principio no lo admitiera ni ante sí misma. Pronto, se dieron cuenta de que sus diferencias no las separaban, sino que las complementaban. Kelsey enseñaba a Ariana a soltar el control un poco, y Ariana ofrecía a Kelsey un punto de apoyo, alguien que siempre escuchaba sin juzgar.
Luke entró en la vida de ambas casi por accidente, un compañero de clase de Kelsey, tímido, observador, que parecía invisible para todos excepto para ella. Sin saber muy bien cómo, Ariana y Luke desarrollaron una especie de amistad silenciosa: no hablaban mucho, pero cuando lo hacían, era como si compartieran un entendimiento tácito del mundo. Con los años, Luke y Kelsey se hicieron inseparables, y Ariana los aceptó como su pequeña “familia elegida”.
Después de la universidad, las circunstancias llevaron a Ariana y Kelsey a compartir un apartamento en la ciudad. Lo que había empezado como una necesidad económica se convirtió en una rutina cómoda: juntas cocinaban, se consolaban después de días difíciles y reían en la madrugada sin miedo a que nadie las escuchara.
Fue durante una de esas noches largas, mientras Ariana revisaba antiguos foros de diseño y Kelsey organizaba sus nuevas ideas para la tienda de ropa, que apareció el chat. Primero un mensaje anónimo, luego otro, y después, una conversación que se volvió constante. El chico del otro lado era inteligente, divertido y parecía entenderla de formas que pocos podían. Nunca pidió fotos, nunca dio su nombre. Y aunque Ariana sabía que debía desconfiar, algo en sus palabras la hacía sentirse segura. Con el tiempo, aquel intercambio anónimo se convirtió en un hilo invisible que la acompañaba cada noche, un lugar donde podía ser completamente ella misma.
Su carrera profesional no había sido fácil. Tras terminar sus estudios en arquitectura, Ariana había pasado por varias prácticas y empleos temporales hasta que consiguió su puesto actual en una oficina especializada en planificación y documentación. Su talento no pasó desapercibido; era meticulosa, eficiente y estaba dispuesta a asumir cualquier desafío que la oficina le lanzara, incluso cuando implicaba tareas más allá de su descripción laboral.
Así, entre responsabilidades, confidencias nocturnas con un desconocido y la constante compañía de Kelsey y Luke, Ariana construía una vida que no era perfecta, pero sí suya. Una vida tejida entre esfuerzo, confianza en contadas personas y la curiosidad de lo que aquel chat misterioso podría algún día revelarle.
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